viernes, 27 de junio de 2008

Azul...

"Tu verso está nutrido con savia de la tierra;
fulgor de Ramayanas tu viva estrofa encierra,
y cantas en la lengua del bosque colosal".

Rubén Darío, Leconte de Lisle. Azul...


Comparo entre las horas holgadas de huelga y descanso los versos y rimas de este poeta y me viene a la mente, y al recuerdo todavía fresco, el modernismo literario, sus principios e iconos, referentes y generalidades varias. La genialidad de sus palabras, que son el producto de una vida de sonidos y musicalidad verbosa.

Me encanta la fuerza y contundencia de sus palabras, el hecho de que transmita a través de una mitología que a penas sí es más que una justificación o lo irrelevante del poema, sus ritmos métricos, su también suave genio. Lo que me fastidia es la forma en que se desenvuelve la literatura y sus doctrinas apopléjicas entre el tiempo que media en las aulas su perorata.

¿Rubén Darío es quien dicen que es? Una pregunta extensible a muchos otros escritores como Valle-Inclán, al que tuve el privilegio de referir en mi examen de selectividad hace ya dos años. Incluso cuando se nos obliga a la lectura de un libro, otorgándonos la ampliación de nuestra libertad comprensiva, se coarta el crecimiento de este pequeño ser llamado independencia de criterio a través de la coerción de las notas, tal que si fueran agentes de seguridad.

Imágenes: Rubén Darío en plena creación artística (véase el lápiz que sostiene con la mano... más abajo) y el tumbado un alumno descansando a causa de la brutalidad de el día a día a manos de la docencia universitaria.

C.

sábado, 21 de junio de 2008

¿Andrés Calamaro ha descuidado su tipito?

Hay un cantante argentino, que entre verso y verso comía una gamba. No, no es Calamaro. De hecho me lo acabo de inventar. Andrés Calamaro es ese tipo de letrista de música entre folk y rock- entendiendo siempre lo folklórico como popular y tradicional- que lleva a la mente una nómada función asocial por encima de los prefabricados desmelenes preadolescentes. Cuesta creer que un hombre que, supuestamente viaja por todo el mundo deleitando al mundo en su propio territorio- que marca al son de música al estilo de la meada lobuna- gaste esa panza de acomodado compositor del barroco; véase Bach.

Se puede llamar como se quiera la oronda prolongación de sus dimensiones abdominales. En mi pueblo barriga- ¿cervecera tal vez?-. Sin embargo muchos, y no voy a ser yo quien especifique las posibles razones... de obesidad, quiero decir, de diversidad entre los encuestados, han dicho que Andrelo es más bien robusto. ¿Qué tipo de robustez? ¿La del fino eufemismo del gordo reprimido? Vamos, hombre.

A pesar de los empates producidos, ha acabado triunfando la opción Porque total, sólo sale su cara en las portadas. ¿Y no podría ser que, como se ha introducido en unas dimensiones poco clásicas ha decidido sólo sacar su cara en el anverso del libreto? Una opción inexistente.

Los de las opciones restantes aceptan su condición de escasamente estilizado con unas razones un tanto particulares. ¿Quiere Calamaro ocupar el doble que Bob Dylan? Por todos los cielos. ¿Es lo que hoy en día se lleva, tronco? Tendré que salir más a menudo a la calle a enterarme de las nuevas tendencias, el último grito en estilo: venga carnes sin talento.

Fotografía: caras no censurables del afamado andasuelos argentino.
C.

La pintura en el Arte

El grito sordo de un silencio atronador resuena en los ecos de mi mente. Hace ya tiempo que oí discutir el hecho de que el arte sea algo en sí, y no más bien una idea convencional carente de valor. Durante toda la historia se ha discutido si la plasmación de sentimientos subjetivos- y por tanto únicos-, que si la representación fiel y encorsetada a la realidad del mundo que nos rodea. Pero, como siempre digo, algo se ha avanzado desde aquél entonces en el cual aún se dudaba sobre la libertad de los seres humanos, o la característica de tal.

Por transmitir un mensaje, hasta una aplastada hez puede sugerirnos muerte o destrucción, pero yo creo que tiene mucho más que ver con la generación del acto creado: la poderosa fuerza de la conciencia sobre lo que se está haciendo. Y eso se nota.

A veces la crítica nace del supuesto de que el autor de los hechos sabe todo lo que ha hecho- inevitable hecho a evitar-, y es por la sencilla razón de resumir el engorroso trámite de la empatía entre prójimos. Hace falta extensión para poder distinguir en un análisis lo mismo que se ha distinguido. Ni yo soy sabio, ni tampoco se trata de eso en la mayoría de casos. El error es mucho más subjetivo que el acierto porque todo se puede arreglar. Hasta los microondas.

Imagen: Caminante ante un mar de niebla de Caspar David Friedrich.
C.

martes, 17 de junio de 2008

Fanfarria de Jactancia


"...Incluso el anuncio televisivo de un detergente resulta difícil de entender: 'Limpieza total gracias a sus nuevos megatones inónicos de acción total y desinfección garantizada gracias a sus silicatos sintéticos de esporas de pino de acción protactiva, directo sobre las manchas'. ¿Qué es eso? El mago Merlín se tiraría por la ventana si oyese una cosa así. A estas alturas, el funcionamiento de nuestro cerebro es la mitad de complejo que el de cincuenta miligramos de detergente al entrar en contacto con el agua". (Mercado de espejismos Felipe Benítez Reyes p.9)

Dicen que el cinismo es uno de los motores del intelecto. La deflagración de las ideas, la incineración de sofismas aparentemente razonables de nuestra sociedad se ven constantemente atacados por su genialidad, siempre dentro de los cánones correctos del respeto y la sutil, y a veces impertinente, elegancia. No soy un cínico, la verdad. Pero respeto, tanto como en ocasiones admiro a los dandy ingleses que se andan pavoneando de la ausencia total de su interés por eso que los demás consideramos importante. Como si se tratara en realidad de un sabio monje budista asceta, que nada necesita, al que nada se puede dar, salvo lo que ya toma con su propia mano, del banquete aristocrático de su hogar de la abundancia.

Hubo un tiempo en que creía que consistía esa disposición que te lleva a las cosas, un significado que ya se lleva encima, como una doble piel, esa especie de alma inaprensible, invisible, que se diferencia tan sólo en la forma de andar y expresarse. Lo llamaría Oscar Wilde. Y es producto también del dinero, que hace que nos demos cuenta que, sin ser importante, lo es todo en la vida. Pero en el momento siguiente, el universo se abre más allá de los límites de la existencia y la necesidad de esa realidad paralela, a la que nadie puede acceder, y que tan sólo ella puede alimentar el mundo que, aparentemente lo que nos rodea, conforma.

Fotografía: Oscar Wilde con mi rostro.
C.

El Asombroso Viaje de Pomponio Flato

Desde hace bastante tiempo que busco en la literatura ese estilo corto, dinámico y conciso del que hacen gala muchos escritores de la actualidad. Me gusta la concreción, el resumen fundamental de lo que viene siendo, en esencia, una historia que contar. De hecho, para mí mismo la brevedad es un reto que asumo y me encanta resolver con frescura y originalidad; del mismo modo me agrada verlo en los que, como causa y consecuencia de su creación, son autores dedicados y de oficio.

Eso es precisamente lo que encontré en El asombroso viaje de Pomponio Flato. El libro desarrolla mediante una graciosa trama un interesante encadenado detectivesco, roto constantemente por el humor y la burla sobre lo manido y repetitivo de las producciones en torno al género policiaco: la novela actual transvasada a lo histórico tan de boga hoy en día. Me gustó la aventura de innovar en estos lares tan inexplorados por los que se encumbran en su propio Olimpo de habilidad literaria. A veces la luz también baja hasta los avernos.

Muchos autores como Felipe Benítez Reyes y su Mercado de Espejismos- totalmente recomendable- han realizado ya la odisea al hado mediante ataques a este todopoderoso empuje que busca desde crucifijos, hasta explicaciones de eventos trascendentales para la humanidad. Tanto Mendoza como Benítez ridiculizan esta obsesión hasta el hilarante escarnio. Me encanta, y es que la burla destructiva es práctica, o mejor aún, todo lo contrario. Puedes sentarte a reír sin más.

Queda recomendado el libro. Se me olvidaba decir que el hecho de que meta a la familia sagrada es genial. Pero con Judá Ben-Hur... lo lleva un poco al límite. Y también me gusta. Hay que ser cruel con los que mancillan todo el escaparate de las librerías. Basta de El Blasón del rey, El secreto de los desheredados y El último emperador. Basta.

Fotografía: la portada del libro que se critica a la izquierda, abajo yo miccionando.
C. El contenido de este mensaje puede estar condicionado por financiaciones editoriales. No lo prueben en sus casas.

lunes, 16 de junio de 2008

Los ecuánimes improperios

Hoy es el día del regreso. Y he de decir que en un día como hoy, el sol dormido atrae a las mientes el hecho de que el dolor de tripas- cuya intensidad he vivido en mis propias... no debería de decir carnes, sino órganos abdominales durante mi ingreso en hospital los últimos días- no tiene por qué sólo ser nada más que una orgiástica y libidinosa diarrea.

"Que los dioses te guarden, Fabio, de esta plaga, pues de todas las formas de purificar el cuerpo que el hado nos envía, la diarrea es la más pertinaz y diligente". Así empieza su libro Eduardo Mendoza, el encuadernado legajo de imprenta que un tal Señor López sustrajo y retrajo a mis afilados nervios y huesudas manos. He de destacar que llevaba ya tres días sin comer. Así que ofrecíle mis humildes, y tanto, auspicios y propinele tamaña pezuña en el trasero que... uy... esto es parte de otra historia, que trata de amor, odio, voluntades encontradas y recepciones consistoriales.

La frase estaba hecha para el caso, así como el libro y el regalo de mi amigo. Quizá sobraba la asistencia siempre taciturna de mi gotero espantadizo. Para mí no fue un problema. Recomiendo el libro y no caer en el dulce sueño del engañoso Orfeo, que se las da de reparador y se vuelve con dispendios de otra clase innombrable.

Fotografía: Mendoza ataviado de su sorna contra los atacados de salmonela.

C. - Ya mucho mejor, gracias. Con lo que es dejarse cuidar y que le cuiden. Y bien me han cuidado todos. Gracias.

jueves, 12 de junio de 2008

Las causas de la fiebre reticente

Las nubes ya no persiguen mi desidia, infructuosa actividad solar hasta hoy, pero yo me encuentro convaleciente de un achaque no demasiado agradable: la... ¿gripe? Puede ser, no soy médico, de lo cual me siento orgulloso, dicho sea de paso.

Las causas son fácilmente determinables, y a pesar de que no vayan a tener el nombre de una lumbalgia psicocéntrica en el perineo central, es lo más parecido a moquera y dolor considerable de cabeza de lo que se pueda pensar. En el concierto de Extremoduro, las autoridades competentes quisieron desalojar miles y miles de personas en autobuses de servicio especial. Aproximadamente llegaba uno cada media hora a un Getafe más bien desolado y conquistado por la roquera actuación de la banda ya nombrada.

¿Un autobús cada media hora? Sí, hagan los cálculos. Miles de personas divididas para el número de los que caben en un autobús- ¿50 puede ser?- da un resultado de infinito más uno. Cuál fue mi sorpresa al encontrarme cuatro de estos aparatos motorizados más allá en la calle, regulados por un agente de policía.


¿Por qué? Pude terciar unas palabras con el chófer del primer autobús y él mismo estaba desconcertado. Pero creo que ya lo sé. Veo una farmacéutica implicada, una policía conchabada para obetener miles de resfriados que cubrir con sus medicinas a punto de caducar. O eso, o es que, como bien indiqué entonces, nada tenía que ver la policía; tamaña fantástica coordinación sólo podía, y puede, ser fruto de la experiencia de un político en materia de conciertos, puesto que el ordenamiento jurídico nada observa para el caso.

Un saludo a todos aquellos condenados a gustar del Rock en estos tiempos difíciles.

Fotografía: Fito sonándose (izquierda) y Roberto Iniesta bajo los efectos de un resfriado contraído en un concierto de the Bärds.

C.