"Que los dioses te guarden, Fabio, de esta plaga, pues de todas las formas de purificar el cuerpo que el hado nos envía, la diarrea es la más pertinaz y diligente". Así empieza su libro Eduardo Mendoza, el encuadernado legajo de imprenta que un tal Señor López sustrajo y retrajo a mis afilados nervios y huesudas manos. He de destacar que llevaba ya tres días sin comer. Así que ofrecíle mis humildes, y tanto, auspicios y propinele tamaña pezuña en el trasero que... uy... esto es parte de otra historia, que trata de amor, odio, voluntades encontradas y recepciones consistoriales.
La frase estaba hecha para el caso, así como el libro y el regalo de mi amigo. Quizá sobraba la asistencia siempre taciturna de mi gotero espantadizo. Para mí no fue un problema. Recomiendo el libro y no caer en el dulce sueño del engañoso Orfeo, que se las da de reparador y se vuelve con dispendios de otra clase innombrable.
Fotografía: Mendoza ataviado de su sorna contra los atacados de salmonela.
C. - Ya mucho mejor, gracias. Con lo que es dejarse cuidar y que le cuiden. Y bien me han cuidado todos. Gracias.