No hace mucho tiempo que un vecino que comparte conmigo las escarpada colina, las casas de pueblo y el hermoso paisaje donde se situa Salinas de Hoz, que había estado bastante tiempo en EEUU habló en mi presencia de las costumbres del país al que me refiero de una forma peculiar. Dijo que los que manejan dinero se desentienden de la política, que no les importa que llueva o nieve, y que se ríen de toda esa gente que llora, que sufre y vive de esa luz dentro de unas vidas quizá no tan pudientes. Y uno se pregunta, ¿por qué? ¿Por qué puede no importarles el futuro de su nación, de sus conciudadanos, del mundo entero?
Quizá porque ellos siempre conservarán el dinero y el poder. Quizá porque no cambia gran cosa que llueva o nieve en el mundo.
Por eso me alegra oír que todavía se recuerdan los ideales, aunque sea de forma tan sucinta y sin más importancia que la del papel mojado en un mar de leyes inaplicadas o inaplicables, estatutos, informes olvidados, multas en proceso o proyectos inacabados.
C.
Imagen: Obama.